Tailandia, el país de la eterna sonrisa

Tras un largo viaje en avión, mi primera parada fue Chiang Mai, (la ciudad más importante del norte de Tailandia), conocida como la Rosa del Norte, Chiang Mai, es una de las regiones más bonitas del país, hermosos templos, cultura y naturaleza, ofreciendo infinidad de actividades.

Una de las peculiaridades de esta región que más llamaba mi atención y que queria conocer, era la visita de las mujeres jirafa, pueblo de refugiados, que llegó a la zona norte, entre Chiang Mai y Chiang Rai huyendo del régimen birmano, que tras largas caminatas y atravesando la selva, se establecieron en la región dónde hoy subsisten de la agricultura y el turismo.

Cada dos o tres años, las mujeres se colocan un anillo de latón en el cuello, hasta los 40 años, llegando a sostener sobre sus hombros 29 ó 30 anillos (el mínimo son 22) ó para hacernos una idea mejor, unos 20 kgs.

Después de saciar mi curiosidad y sentir una gran admiración por estas mujeres luchadoras, vuelvo al epicentro de la ciudad.

El día siguiente lo dedique únicamente a recorrer los templos, el barrio antiguo,(rodeado por murallas) y un foso de agua, que alberga el templo más famoso, el Wat Phra Singh, construido en 1345, continué hacia la hermosa naturaleza, sus paisajes, la jungla, las montañas y los ríos, que permanecen intactos, es una estampa maravillosa que se puede convertir en toda una aventura, si lo haces a lomos del animal emblema del país, el elefante.

Durante mi viaje hasta Chiang Rai, me voy deteniendo en los pequeños mercadillos, sigo asombrado y sin entender por qué nos hemos olvidado del valor de las pequeñas cosas, en cada niño, mujer, anciano, en todos y en cada uno, encuentro una sonrisa, un gesto tan sutil, tan común y a la vez tan grande, provocando en mí, una sensación de felicidad enorme.

Hablando con la gente, admiro su forma de pensar, su forma de vida, recuerdas que lo realmente importante es su riqueza interior, a veces tan olvidada en el ajetreo del día a día de nuestro mundo “moderno”, “no es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita”, como me decía el conductor, para el tailandés lo primero en su vida es el Templo, ya que tanto si eres feliz, como si estás triste, en el templo siempre encuentras lo que buscas, (no se si llevarme uno para España cuando regrese).

Llenos de supersticiones y amantes de la medicina natural, los tailandeses decoran dos veces al año una barca, que guarda todos los problemas y la botan al mar, alejándolos así de su pueblo.

Chiang Rai es una ciudad pequeña, unos 60 mil habitantes, no tan turística como Chiang Mai, situado a unos diez kilómetros, nos encontramos con el Templo Blanco, Wat Rong khun, este templo budista moderno completamente distinto a los demás templos, está construido en un blanco radiante, (marcando el significado de pureza de la religión budista) y con cristales, que significa, la sabiduría de Buda, como la luz que brilla en el mundo y en el universo.

No podemos dejar Tailandia sin visitar su capital, Bangkok, nunca colonizada ni conquistada, Bangkok es una mezcla perfecta de lo viejo y lo nuevo, con tesoros escondidos en sus callejuelas, construcciones bajitas, caótica, bulliciosa pero con cierto orden… así de contradictoria es la capital.

Lo mejor para visitarla y disfrutar de una gran experiencia, es la motocicleta, eso sí, también peligroso, el tráfico visto por ojos de un extranjero es increíble, coches, motos, taxis, bicis, tuc tucs, circulan por todas partes, sin tener un orden aparente; sin embrago, te das cuenta que nadie pita, simplemente, es más fácil avanzar que detenerse.

Podremos encontrarnos desde budistas viendo un espectáculo de cocodrilos (por cierto, está bien visto ser monje aunque sea una vez en la vida, eso sí, si eres mujer mantente separada de ellos hasta en los mercadillos, ya que se les considera la tentación y no se les puede tocar!) hasta en discotecas repletas de música techno por la noche.

La capital nunca duerme, puestos de comida (¡bastante picante, por cierto!), masajes, discotecas, mercadillos, su ambiente es apasionante.